domingo, 12 de julio de 2015

VALIJA PARA UN DESAMOR




  Una noche de fuertes vientos invernales, en el cuarto de un apartamento frío , dos almas están decidiendo el destino de sus vidas. Un fuerte lazo  los une el mismo que hoy resuelven romper, tal vez no estén convencidos, pero el rencor los malos recuerdos, la incapacidad para perdonar y un orgullo desmedido, los han empujado a concluir.
  Él con oscuras sombras que bordean sus ojos; producto de mil noches sin dormir, sus dedos están manchados de nicotina y alquitrán, sus nervios están que explotan, ha comenzado a partir. Está arrugado por dentro, con sueños sin finiquito, está abrumado por la tristeza lleva en sus hombros el peso de la insensatez, en su pecho se ahoga un grito para no despertar la niñez que duerme inconsciente del terremoto que se desata al otro lado de la pared, no le preguntaron qué opinaba, si está de acuerdo con esto, cuál es el daño que causan, sólo se olvidaron de él.
  Sus mentes orbitan alrededor de las sombras de los errores, uno con callos en las rodillas de tanto suplicar, el otro en posición altiva negándose a perdonar.
  Ella con sueños rotos, sin tejer y sin bordar, todavía se pregunta porqué destruir un hogar, pero es más fuerte el deseo de amarse primero a si misma que dejarse humillar y enterrar al difunto, aquel que llamaban hogar. Sus cabellos muestran descuido, sus labios inmadurez de las palabras que brotan sin ni siquiera pensar.
  Él daría la vida, ella moría por él, pero el orgullo es más fuerte que el pasado que los une, por eso ella decide romper.
  En medio del maremagno de palabras agresivas se va destruyendo un nido, se va marchitando un querer, se va prolongando una noche que se niega a amanecer.
  Él  ha tomado la maleta donde comienza a guardar, las cosas que en el camino le recordaran el hogar.
  Coloca un ramo de flores de las que hay en el jardín, para recordar siempre el aroma de la mujer que ha amado sin fin.
  Se lleva consigo la sintaxis de sus cuerpos cuando hacían el amor, las fragancias, las melodías, las noches bañadas en flor.
  Sigue guardando las cosas en la maleta de su vida, aquella foto perdida de las sonrisas de ayer, donde no hay insultos ni errores, donde la felicidad se detiene en una hoja de papel.
  Coloca también tres gotas del agua de la piscina, donde tantas noches seguidas se entregaron al amor, sólo la luna bañaba sus cuerpos del infinito y las estrellas celosas caían en aluvión.
  Se lleva consigo, la tenue luz de las velas de la romántica cena, acompañada del vino que no volverán a beber, las migas del cumpleaños de aquel trozo de pastel, el desayuno en la cama, luego de las noches de placer.
  Se lleva todos los besos, los fluidos exultados, las caricias, los albores, las risas y las miradas de los ojos color miel.
 Empaca los días de mar, las olas benditas que les enseñaron a bailar, el océano infinito de las noches a pescar, el franco movimiento exquisito de sus cabellos al danzar y de aquel mechón rebelde que se interpuso en su mirar.
  Carga consigo el deseo, la alegría y la pasión, elementos que abrigaran un largo viaje en avión.
  Se lleva la fresca lluvia que cayó en el jardín y los juegos alegres con su dulce chiquitín.
  Deposita en la maleta todos los amaneceres  con cantos de aves, las melodías de amor que se cantaron y los susurros sublimes al oído en las noches de  plenilunio.
  Se lleva la sutil imágen de sus pechos cuando eclosionaban tímidamente de su blusa de dormir y los sueños de cada día le invitaban a vivir.
  Transporta la imágen suya reflejada en los ojos de ella, para recordar siempre de su vida la epopeya.
  Ha guardado todo lo que ha valido la pena, cosas que iluminaran su vida en noches de luna llena. Deja a ella la soledad, el miedo y el rencor, deseándole sobre todo que no le causen dolor.
  Finalmente se dirige a la puerta coloca su mano para abrirla, clava su mirada en el suelo, que lo observa partir, dentro de si un sentimiento que como cruel cancerbero no lo deja salir.
  Como un último suspiro y sin voltear le pronuncia Te amo - . Ha cruzado la puerta del olvido, sin escuchar eco en sus labios, aunque ella muy adentro le respondió: - Yo también.

                                            
                     

              

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