martes, 27 de agosto de 2013

LA REFLEXION DEL SOLDADO HERIDO

Hoy, mientras mi vista se pierde en el horizonte y mis sueños se disipan en el infinito, mis fuerzas parecen mermar en el intimidante pelear del día a día, doy una mirada retrospectiva y compruebo que mi andar ha sido convulso; como el de un soldado que no conoce al enemigo, que se bate entre la vida y la muerte, con su fusil carente de municiones y la desesperanza visita su trinchera.
Hoy después de tanto divagar en los pasadizos obscuros del melancólico pasado, percibo el repugnante aroma de los errores incurridos, llego a la conclusión que de no haberlos cometido, hoy no sería lo que soy; no puedo y no pretendo cambiar el pretérito de mi existencia, no tengo intención de hacer brillar el sol donde siempre hubo sombras, no tengo ambiciones mágicas para cambiar el pasado de un chasquido, ni de viajar en el tiempo a remendar lo ocurrido; por lo que no puedo, ni quiero cambiar las penumbras de los fracasos sufridos.
Hoy, luego de observar con estupor aquellos tesoros queridos y que yacen en el suelo ennegrecidos por la desilusión, derrotados, desmembrados, putrefactos y destruidos, formando parte de una galería tenebrosa, compuesta por los carcas de mis amores perdidos.
Hoy, cuando me detengo a analizar concienzudamente el saldo dramático e mis irresponsabilidades, encuentro que todo esto ha tenido sentido.
Hoy, cuando mi cuerpo muestra las cicatrices atroces de mis torpezas, al tiempo que una lagrima recorre mi rostro curtido por la intemperie, un suspiro de aliento alimenta mi espíritu.
Hoy, no pienso seguir en la penumbra lamiendo mis heridas.
Hoy, voy a levantarme y dejar el lamento absurdo de mis batallas perdidas.
Hoy, mi alma se yergue valiente y con las manos en alto mostraré la condecoración maravillosa de la sabiduría, haré alarde estrepitoso al mundo del conocimiento adquirido, que aunque dolorosas las lecciones, finalmente todo tiene sentido.
Hoy, no me avergonzaré de las derrotas sufridas, por el contrario, las exhibiré como trofeo de la victoria conseguida, que es la experiencia, la madurez y la sabiduría.
Hoy, el paso firme que me faltó en mi impetuosa juventud, me caracteriza en mis años por venir.
Hoy, la vida me condecora con la orden al merito de los que han vivido y mi recompensa es levantarme con la medalla de la esperanza.
Hoy, elevo mis ojos y veo el futuro, que aunque incierto, promete nuevas aventuras por vivir, nuevas tierras por conquistar, nuevos amores por descubrir.
Hoy, un horizonte amplio se abre ante mis pies, invitándome seductoramente a seguir mi camino.
Hoy, emprendo mi marcha olvidando el denuesto de mis enemigos, dejando atrás las bofetadas recibidas y con el alma desierta de rencores.
Hoy, basta con un suspiro para que afloren en mi mente pensamientos positivos, basta con observar una flor para ver el sol brillar en un camino lleno de espinos, del que algún día habré salido, basta con oír el canto de un ave para darme cuenta que es un canto a la vida.
Hoy, quizás caído, pero nunca, destruido.